El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota El anciano se encaminó con tranquilo paso hacia los montes de Judea. Las mujeres volvieron a entonar sus cantares, y alegres y gozosas comenzaron a trepar por las faldas del monte en cuya cima descansa la patria inmortal de David, la cuna santa de Jesús.
Retrocedamos algunas horas para saber el origen de la alegría y el contento de las belemitas.
A la caída de la tarde del día anterior, Cingo, el feroz esclavo de Herodes, llegó con un fuerte destacamento al pueblo de Belén. El belicoso son de la trompeta anunció a los pacíficos belemitas que iba a publicarse algún edicto del César o de su rey Herodes.
No se engañaban; un heraldo, con clara y vibrante voz, dijo estas palabras, que fueron repitiéndose como un eco por todos los extremos de la ciudad hasta perderse en sus cercanías: