El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Y extendiendo su nervuda mano, antes de que la madre infeliz se diera cuenta de ello se apoderó del tierno vástago, y arrancándolo del nutritivo pecho, lo estrelló inhumanamente contra el ángulo del muro.
La madre abrió los ojos con espanto, y lanzando un grito horrible, aterrador e inexplicable, cayó sin sentido sobre el palpitante y despedazado cuerpo de su hijo. Aquel grito fue la señal de la matanza.
¿Dónde hallar colores tan poderosos para bosquejar el cuadro de los mártires belemitas, con la verdad horrible y sangrienta, cuando sólo con traer a la memoria tan incomprensible barbarie, exhala un grito de espanto el corazón y una lágrima de dolor brota en los ojos?
San Agustín, con su fecundo y poderoso ingenio, con su santa y elevada inspiración, con los inimitables rasgos de su inmortal pluma ha descrito el cuadro de la degollación con una verdad, con un sentimiento a que es muy difícil aproximarse.
Oigamos, pues, por un momento al africano convertido,[115] al poderoso autor de La ciudad de Dios.
Su relato es gráfico como la luz del día, sintético como el dolor, inspirado como las lágrimas que brotan de las almas doloridas.
Dice así: