El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —Déjame tu esclavo; sólo ambiciono servirte, aunque esta noche me ha sido imposible obedecer tus órdenes.
—No te comprendo.
—Elisabet, la esposa de Zacarías, ha huido de su casa, llevándose a Juan, su primogénito.
—¿A dónde? —preguntó Herodes incorporándose y como si aquella noticia le hubiera curado de sus padecimientos.
—Lo ignoro.
—¡Ah!
—Pero tengo un medio de descubrir su paradero.
—Habla.
—Zacarías es sacerdote.
—Lo sé. Continúa.
—Se halla de semana en el templo.
—¿En la ciudad?
—Sí, en Jerusalén.
—¿Y piensas?
—Que el padre nos indique el sitio en donde se halla el hijo escondido.
—Se negará: los israelitas son tercos.
—Entonces…
Y Cingo acarició el mango de su puñal.