El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —La noticia de tu muerte se ha extendido por la ciudad, y traspasando las gruesas paredes de su encierro, ha llegado a sus oÃdos.
—Tanto peor para los que sientan mañana el rigor de mi justicia.
—Tu hijo me ha ofrecido medio reino si le abro las puertas de su prisión.
—Y tú… —preguntó Herodes incorporándose y con ese recelo tan peculiar en él.
—Yo he corrido los cerrojos de su puerta, me he guardado la llave y vengo a consultarte lo que debo hacer.
El rey se quedó un momento pensativo; las arrugas de su frente se ahondaron, y una sombrÃa y feroz expresión cruzó por su semblante.
—Antipatro tiene un rostro de mujer y un corazón de acero; es uno de esos ambiciosos que no cejan nunca, una de esas vÃboras que hay necesidad de aplastar para que no nos emponzoñen: mientras él viva, ni yo ni su hermano Archelao tendremos tranquilidad en nuestro reino… Cingo, matarás esta noche a mi hijo. Lance la historia ese nuevo y horrible crimen ejecutado en la hora de mi muerte sobre mÃ… nada me importa: su muerte es una necesidad, pero procura que muera sin escándalo, y que su cuerpo sea sepultado como quien es, en el viejo castillo de Hircanión.[126]