El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —Tu voz encantadora resuena en el espacio, levantando un eco dulcÃsimo en mi corazón. Canta, Enoé, canta; yo te escucho.
Hubo un momento de silencio, durante el cual la egipcia parecÃa recordar los versos del cantar de su infancia.
Por fin, precedido de un lamento prolongado, cantó el siguiente romance, con una entonación triste como el gemido de un cisne moribundo:
—¿A dónde vas, DarÃo mÃo?
—Edna, a la guerra me voy,
que ya el ejército persa
en nuestras tierras entró.
—No te vayas, no me dejes;
te lo pido por mi amor,
por los manes de mi madre,
en el nombre de tu Dios.
—De Gizet en las llanuras
ya sus tiendas levantó
un ejército extranjero
que mancilla nuestro honor.
Nada temas, Edna mÃa,
yo tornaré si me voy;
Júpiter me da su apoyo,
Minerva su protección.
Edna llora, DarÃo parte,
y pasa un sol y otro sol,