El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Augusto se había construido en vida su sepulcro en el campo Marcio, entre la vía Flaminia y el Tíber. Aquel sepulcro, alzado en mitad de un bosquecillo, era una obra de arte. Los bajorrelieves representaban en mármol la historia de Augusto. Sobre la bruñida losa que cubría las cenizas del César, leíase este epitafio:
V. F.[24]
DEDICADO A LOS DIOSES MANES
AQUÍ YACE
OCTAVIANO AUGUSTO
EMPERADOR DE ROMA
Y SEÑOR DEL MUNDO
Los romanos, con Augusto, habían perdido un emperador sabio, un general valiente.
Tiberio, hipócrita y receloso, antes de proclamarse emperador compró algunos senadores, y seguro de sus votos, rehusó el imperio; pero éstos, bajos y avarientos, se arrojaron a sus pies, pidiéndole con lágrimas en los ojos que no les abandonara.
Subió al trono, se envolvió en la púrpura por un rasgo de bondad y accediendo a las súplicas del Senado, y para rendir un tributo de admiración y respeto a Octaviano, quiso le honrasen como a un Dios y le erigió en Roma un templo soberbio, proclamándose sacerdote de la nueva divinidad con otros caballeros y senadores.