El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota «A Tiberio Augusto, emperador de Roma, su súbdito Valerio Grato.—No debe inspirarte recelo Jesús. Es el hijo de un pobre carpintero que pasa los dÃas fabricando arados y techos de cabañas. Los judÃos sueñan en su MesÃas hace tres mil años. Sus esperanzas duran tanto tiempo como su esclavitud. Roma ni el gran Tiberio deben temer nada del hijo de un artesano que no tiene ni dos anegadas de tierra en su propiedad, y a quien sus parientes miran con indiferencia. Yo te lo fÃo, Tiberio: Jesús es un corderillo inofensivo que crece bajo el pajizo techo de una humilde cabaña y que dejará de existir el dÃa que a ti te plazca».
Tiberio, más tranquilo, olvidó muy pronto a Jesús.
El soberbio emperador ignoraba que aquel Niño era Dios y bajaba a la tierra a destruir sus Ãdolos y a regenerar al hombre con su sangre.
Dos años después, Poncio Pilato sucedió a Grato en el gobierno de Palestina; nombre que inmortalizó la sentencia del Mártir del Gólgota.