El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota —¡Hijo del hombre! ¿Me conoces? —dijo por fin el misterioso personaje con acento cavernoso y profundo.
Jesús, con una entonación melodiosa y dulce, le contestó:
—SÃ; tú eras el arcángel más hermoso del cielo; el resplandor del sol brillaba en tu frente, la sonrisa del crepúsculo oriental en tus labios; pero un dÃa te rebelaste contra Dios y su soplo vengador te lanzó desde las alturas a los abismos malditos de la tierra.
—Soy el rey del Averno, el señor del mundo —volvió a decir Luzbel, levantando su maldita frente.
—SÃ, tú eres el que anda en las tinieblas.
—Ese nombre me dan las Escrituras.
—También te llamas padre de los impÃos; pero tu orgullo es insensato. Al sólo nombre de mi Padre, tu cabeza se dobla y tu cuerpo se arrastra.
«—Pues bien, si eres hijo de Dios, di a estas piedras que se vuelvan pan».
«—Escrito está —dijo Jesús— que no vive el hombre sólo de pan; mas sà de la palabra de Dios».
—¿No me aborreces?
—No: te compadezco, porque te veo humillado.
—Ego dixi: Non serviam.[37]
—Esa palabra te perdió.