El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Jesús suspiró.
Luzbel volvió a decir:
—Mira bien esos montones de casas, de templos y palacios que van acercándose. ¿Ves aquel pueblo pequeño agrupado a un extremo del pintoresco valle de Zabulón?, es Nazaret, tu punto de partida; a su derecha y mirando al norte, está Cafarnaum, de cuyas riberas saldrán tus discÃpulos más queridos. Siguiendo la corriente del Jordán, hacia el sur, está Jericó, destruida por Josué, y más allá, encarnada en el centro de la tribu de BenjamÃn, se halla Jerusalén, que coronará tu frente de espinas, escupirá tu rostro y te verá morir.
El purpurino rostro de Jesús se hallaba cubierto de sudor. En los labios impuros del ángel de las tinieblas apareció una sonrisa impÃa.
Luzbel, viendo que el Divino Galileo nada decÃa, continuó: