El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota La Samaritana dirigió una mirada en torno suyo como buscando algún objeto, y no encontrándolo, hizo esta pregunta con risa burlona:
«—No tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿Dónde está esa agua que me ofreces?… ¿Eres tú, por ventura, mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo?»
«—Todo aquel que beba agua de este pozo —repuso Jesús—, volverá a tener sed; mas el que bebiere el agua que yo le daré, nunca tendrá sed».
La mujer, absorta escuchando aquellas palabras, y casi subyugada ante la majestad de Jesús, exclamó:
«—Señor, dame de esa agua que me dices y asà me evitaré venir todos los dÃas a este manantial, tornando a Sichem fatigada con el peso del cántaro que dobla mi cabeza».
El Salvador quiso demostrar a aquella mujer que Él era más que un hombre.
«—Ve —le dijo—, llama a tu marido y ven acá con él».
«—No tengo marido» —respondió Sarai bajando la frente al suelo, ruborizada ante la mirada purÃsima de Jesús, que le recordaba su vida pasada.
«—Bien has dicho —repuso el Nazareno—; no tienes marido, porque cinco tuviste, y el que ahora vive contigo no es tu esposo».