El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota La presencia de una mujer en aquel sitio les admiró sobremanera; pero nadie se atrevió a decirle al Maestro qué pregunta o qué habla con ella.[49]
Sarai, al verse rodeada de los apóstoles, aturdida, confusa, abandonando su cántaro, se fue precipitadamente a la ciudad a participar el venturoso encuentro que había tenido en la heredad de Jacob.
«—Venid —gritaba Sarai a todos los que encontraba al paso—, venid a ver a un hombre que me ha revelado todo lo que he hecho en mi vida. ¿Tal vez será el Cristo?» Mientras esta mujer alarmaba con sus voces a los habitantes de Sichem, que llenos de curiosidad se encaminaban hacia la fuente de Jacob, los apóstoles, presentando a su Maestro las provisiones, le suplicaban que comiera, pero Jesús rechazaba los manjares, diciéndoles:
«—Yo tengo para comer un manjar que vosotros no lo sabéis».[50]
Los discípulos no quisieron importunarle y aunque no comprendían lo que acababa de decirles, guardaron silencio. Sólo uno murmuró esta palabra en voz baja:
—¿Si le habrá traído comida esa mujer?