El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota «—Mujer —continuó Jesús—, el dÃa no está lejos que un solo Dios será adorado en toda la redondez de la tierra de un modo perfecto. Los sacrificios de los samaritanos y de los judÃos serán abolidos. La fe de la nueva ley se derramará por todas partes, como la benéfica lluvia sobre los campos para fecundizarlos. El Dios verdadero no se hallará sujeto al lugar que elijan los hombres: estará en todas partes. La errante caravana, al cruzar las secas arenas del desierto, le encontrará si le busca; el pobre náufrago, en medio de los irritados mares, lo encontrará si en Él confÃa; el enfermo que yazca postrado en el lecho del dolor, el perdido caminante, el afligido, el hambriento, el desheredado, todos, en fin, los que viven sobre la tierra lo encontrarán si le invocan con fe; porque Él es el verdadero Dios y está en todas partes: en el aire tibio que mece el melancólico penacho de la palmera, en el cáliz de una flor, en la fuente que susurra al pie de las colinas, en el canto misterioso de las aves, en los radiosos rayos del sol que iluminan y vivifican; porque Dios es espÃritu, y es menester que le adoren en espÃritu y en verdad».
Aún permanecÃa a los pies de Jesús la Samaritana escuchando las palabras del Divino Maestro, como si fueran el eco armonioso de una música celeste, cuando llegaron los discÃpulos que habÃan ido a Sichem a comprar vÃveres.