El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Una noche Enoé lloraba, con la mirada dolorosamente fija en los tizones del hogar. Era el aniversario del natalicio de Boanerges. Aquella pobre enamorada, tal vez pensaba en su amante. Boanerges tenÃa la lira en la mano y se puso a tocar una melodÃa tan triste como el corazón de su madre. Enoé levantó la cabeza. No conocÃa aquel canto, pero no dijo nada.
Sin saber cómo, Boanerges se puso a cantar:
Eternamente en tus ojos
el llanto veo, señora.
¿Por qué, di, madre querida,
llorando estás?
Si causa de tus enojos
es el hijo que te adora.
¡ay, madre, toma mi vida,
no llores más!
—¿Quién te ha enseñado esa canción? —preguntó Enoé enternecida.
—Tus lágrimas.
—¿Eres poeta? —volvió a preguntarle con cierto orgullo aquella madre.
—Lo ignoro: he sentido lo que he cantado.
—¡Oh! Dios te bendiga.
Y Enoé abrazó tiernamente a su hijo, llenándole el semblante de besos y lágrimas.