El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota LUZ EN EL ALMA
Dimas se detuvo, por fin, delante de una casa de pobre apariencia situada a la orilla del lago de Genesareth, y a muy corta distancia de la ciudad de Cafarnaum, y dio con la contera de su jabalina tres golpes acompasados sobre la frágil madera de la puerta.
—¿Quién llama a estas horas? —dijo una voz de mujer desde el interior de la casa.
—El que entrar desea —respondió Dimas desde fuera.
Esto, sin duda, era una palabra convenida, pues al momento se abrió la puerta. Dimas entró en la casa. La puerta volvió a cerrarse. El bandido dijo, sentándose en un taburete de madera con el asiento de palma:
—Buenas noches, Enoé.
Enoé, que a pesar de sus cuarenta años, sus lágrimas incesantes y su palidez extremada, conservaba aún algo de su hermosura, le respondió sencillamente, sentándose a su lado:
—Bienvenido seas, Dimas.
—¿Y tu hijo? —volvió a preguntar el bandido.
—Mi hijo no vuelve a casa hasta que en el cielo asoma la estrella matutina.
—¿Dónde pasa las noches?
—Lo ignoro.
—¿Ama, tal vez?
—Lo presumo.