El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota LA GRUTA DE JEREMÍAS
(ContinuaciĂłn)
—Queridos compañeros —dijo Gestas—, mis ruegos no han conseguido nada: Dimas está resuelto a abandonarnos.
Hubo un momento de silencio.
—La profesión de bandolero es para gente joven —dijo Dimas a quien interesaba la dolorosa actitud de sus antiguos camaradas—. Cuando las canas asoman a la barba, el hombre necesita descanso y pensar en Dios.
—Tú eres fuerte y joven —le dijo Gestas.
—Tengo cincuenta y cinco años; pero no es la edad la que me agobia: es la conciencia. La palabra de Dios resuena en el fondo de mi alma. No insistáis más; yo os agradezco el cariño que me profesáis, pero me es imposible seguiros.
Las palabras de Dimas tenĂan algo de profĂ©ticas. Los bandidos no se atrevieron a rechazarlas.
—Cúmplase tu voluntad —murmuró Gestas.
—Asà sea —dijeron casi a coro los demás.
—Ahora, a mi vez, tengo que pediros un favor, que no dudo me concederéis —dijo Dimas.
—Habla, te escuchamos —repuso Gestas.