El mártir del Gólgota
El mártir del Gólgota Cinco mujeres colocadas en una pequeña prominencia próxima a la ladera oriental del valle de Josafat, dirigían ansiosas sus miradas hacia el sitio por donde debía venir el descendiente de David. Una de aquellas mujeres llevaba un ancho manto azul que la cubría por completo. En su hermoso semblante brillaba la felicidad, el gozo, la alegría. Aquella mujer era la Madre amorosa del Maestro Divino. Confundida entre el gentío, rodeada de sus leales compañeras, que no la abandonaron nunca, quería gozarse en el triunfo de Aquél que llevó en sus entrañas.
¡Felicidad pasajera, goce momentáneo, que debía tornarse en breve en dolorosa amargura!
Sus ojos, puros y radiantes como la tenue luz de la aurora, iban en breve a convertirse en manantiales inagotables de llanto. De vez en cuando veíase entre la alegre muchedumbre algún hombre de rostro ceñudo, de mirada amenazadora: era un fariseo, un enemigo irreconciliable de Aquél que había bajado a la tierra a quitarles el manto de la asquerosa hipocresía y que les llamaba raza de víboras.