Manual de vida
Manual de vida Crisantas, sin embargo, cuando estaba a punto de asestar el golpe al enemigo, al oÃr que la trompeta tocaba a retirada, se contuvo. Hasta tal punto le pareció más conveniente seguir la orden del capitán que su propia intención. Pero ninguno de nosotros está dispuesto, ni siquiera cuando la necesidad lo exige, a obedecerla dócilmente, sino que pasamos por las que pasamos gimiendo y llorando y llamándolo «circunstancias». ¿Qué circunstancias, hombre? Si llamas circunstancias a lo que está a tu alrededor, todo son circunstancias; si se lo llamas a lo difÃcil, ¿qué dificultad hay en que muera lo nacido? Lo que mata es una espada o la rueda o el mar o una teja o un tirano. ¿Qué más te da el camino por el que bajes al Hades? Todos son iguales. Si quieres oÃr la verdad, el más corto es por el que nos manda el tirano. Nunca tirano alguno estuvo degollando a alguien seis meses, mientras que la fiebre muchas veces hasta un año. Todo eso es alboroto y estruendo de palabras vanas […].
Acuérdate sólo de la distinción aquella de acuerdo con la cual se separa lo tuyo de lo que no es tuyo. No te afanes por cosa alguna de lo ajeno. La tribuna y la cárcel son cada una un lugar; el uno, elevado; el otro, humilde; pero el albedrÃo es igual. Si quieres conservarlo igual en cada uno de esos lugares, puede ser conservado. Y entonces seremos discÃpulos de Sócrates, cuando seamos capaces de escribir peanes en la cárcel.