Manual de vida
Manual de vida ¿Por qué llamamos a las cosas «mías»?
Pero ¿cómo llamamos a las cosas «mías»? Como al jergón de la posada. ¿Acaso el posadero te va a dejar al morir sus jergones? Si se los deja a otro, él los tendrá y tú te buscarás uno por ahí. Y si no lo encuentras, simplemente dormirás en el suelo confiado, roncando y acordándote de que las tragedias tienen lugar entre los ricos y los reyes y los tiranos, y que ningún pobre tiene papel en una tragedia si no es como coreuta. Los reyes, por su parte, empiezan bien:
Adornad el palacio con guirnaldas,
pero luego, en el tercer o cuarto episodio:
¡Oh, Citerón!, ¿por qué me acogiste?[13]
Esclavo, ¿dónde están las guirnaldas, dónde la diadema? ¿No te sirve de nada la guardia? Así que cuando te acerques a uno de ellos, acuérdate de esto, que te acercas a un héroe trágico: no al actor, sino al propio Edipo. «¡Feliz Fulano! Se pasea con muchos». Y yo también: me pongo entre la multitud y paseo con muchos.
Pero lo más importante: recuerda que la puerta está abierta. No seas más cobarde que los niños, sino que igual que ellos cuando algo no les gusta dicen: «Ya no juego», tú también, cuando te parezca que las cosas están de esa manera, di «ya no juego» y márchate; pero si te quedas no te quejes.