Manual de vida
Manual de vida No hay afectos donde se antepone lo ajeno al albedrío
Cuando veas amigos, hermanos, que parecen acordes, no te declares al punto sobre su amistad ni aunque juren ni aunque digan que les sería imposible separarse. El regente del hombre vil no es de fiar. Es incierto, indeciso, vencido cada vez por una representación distinta.
Pero no examines lo que los otros: si son hijos de los mismos padres y criados por igual y por el mismo pedagogo, sino sólo esto: en dónde ponen su conveniencia, si en lo exterior o en el albedrío. Si en lo exterior, no los llames «amigos», y menos «firmes», «fieles» o «valerosos» o «libres», sino ni siquiera «hombres», si eres sensato. No es opinión humana la que hace que se muerdan y que se insulten unos a otros y que asalten los lugares solitarios o las plazas, como los salteadores los montes, y que en los tribunales tengan maneras de bandidos; ni la que los lleva a ser incontinentes y adúlteros y corruptores, ni a todas las demás cosas en que los hombres actúan unos contra otros por esta sola y única opinión, la de ponerse ellos mismos y lo suyo en lo que no depende del albedrío.