El palacio malvado
El palacio malvado La mansión Royal parecía un mausoleo. Cada habitación susurraba secretos y traiciones, pero lo más inquietante era el vacío que dejó Reed. Sin su presencia, la tensión entre los Royal comenzó a hervir. Las discusiones se volvieron constantes, y el liderazgo de Callum ya no bastaba para mantener a sus hijos bajo control.
Ella, en cambio, no podía detenerse. Había algo en aquellas fotos de Brooke que no la dejaba en paz. El hombre desconocido aparecía siempre en la sombra, su rostro casi oculto, pero en una de las imágenes se distinguía claramente un anillo dorado con un sello peculiar. Una pista, tenue pero suficiente.
Esa noche, cuando todos dormían, Ella bajó al despacho de Callum. La habitación estaba decorada con un lujo frío, funcional. Sabía que Callum tenía acceso a información que podría ayudarla, aunque no estaba segura de cómo explicarle lo que estaba haciendo allí si la atrapaba. Revisó los archivos, las carpetas perfectamente organizadas en el escritorio. Fue entonces cuando encontró un sobre cerrado, marcado con el nombre de Brooke.
Dentro había una carta escrita a mano. La letra era elegante pero firme, cargada de urgencia.
