El palacio malvado
El palacio malvado La luz de su teléfono iluminó las estanterías llenas de libros y documentos. Comenzó a buscar, revisando cada cajón, cada rincón, hasta que finalmente encontró una caja de madera escondida detrás de una fila de libros. Al abrirla, su corazón se detuvo: era un diario, con las iniciales B.D. grabadas en la portada de cuero.
Ella apenas tuvo tiempo de hojear las primeras páginas antes de que un ruido en el pasillo la alertara. Apagó la luz de su teléfono y se escondió detrás del escritorio justo cuando alguien entraba en el despacho.
—¿Quién está aquí? —la voz de Gideon rompió el silencio, fría y peligrosa.
Ella contuvo la respiración, esperando que él no se acercara más. Finalmente, después de unos segundos eternos, Gideon salió, cerrando la puerta tras de sí.
De regreso en su habitación, Ella leyó las primeras páginas del diario, descubriendo un rastro de mentiras y manipulaciones que Brooke había tejido con precisión. Había nombres, lugares, transacciones. Todo apuntaba a una red de chantajes y conspiraciones que involucraban no solo a Arthur Greaves, sino también a varias figuras de poder. Pero lo más impactante estaba al final de una entrada reciente: