El principe roto
El principe roto En lugar de la calma que anhelaba, la encontró a ella. Brooke Davidson, la exnovia de su padre, estaba en su cama, desnuda como una serpiente venenosa. Su sonrisa era afilada, y sus palabras, un veneno que goteaba lentamente.
—Te he echado de menos, Reed.
Él retrocedió, como si el mero contacto visual pudiera contaminarlo. El olor dulzón de su perfume llenaba la habitación, mezclándose con la bilis que subía por su garganta.
—¿Qué demonios haces aquí? —espetó, su voz llena de repulsión.
—Tú y yo sabemos que esto no ha terminado —susurró Brooke, levantándose lentamente, sus movimientos calculados, como un depredador acechando a su presa.
Reed la agarró del brazo, sintiendo el calor de su piel como una quemadura. —Fuera de aquí. Ahora.
Pero antes de que pudiera echarla a la fuerza, un sonido heló el aire. El pomo de la puerta giró lentamente, y allí estaba Ella, su rostro pasando de la confusión al dolor en un instante que pareció eterno.
—¿Reed? —Su voz era apenas un susurro, pero golpeó como un grito.