El principe roto
El principe roto La mente de Reed se llenó de caos. Quiso explicarse, gritar que lo que veía no era lo que parecía, pero las palabras se ahogaron en su garganta. Ella retrocedió, sus ojos azules llenos de lágrimas, y salió corriendo antes de que él pudiera detenerla. La puerta se cerró con un estruendo que dejó a Reed paralizado, mientras Brooke se reía suavemente a sus espaldas.
—Esto se va a poner interesante —murmuró Brooke, sus labios curvándose en una sonrisa triunfal.
Reed sintió que el mundo se desmoronaba bajo sus pies. La culpabilidad lo ahogaba, pero algo más crecía en su interior: un odio frío hacia sí mismo y hacia la mujer que acababa de arruinar lo único bueno que tenía en su vida.
—Ella… —susurró, corriendo tras ella. Pero la noche ya se la había tragado.
La casa Royal, normalmente un refugio de caos controlado, se había transformado en un mausoleo de silencio. Reed se apoyó en el marco de la puerta de la habitación vacía de Ella, mirando la cama perfectamente hecha, el único rastro que quedaba de ella era el perfume tenue que aún flotaba en el aire. Cada rincón de la habitación parecía gritarle su ausencia, y él no podía escapar del peso de lo que había hecho.
