Las Coéforas
Las Coéforas ELECTRA. La tierra ha bebido ya nuestras libaciones y están en poder de mi padre. (Electra se dispone a bajar del túmulo y entonces se da cuenta de los cabellos de ORESTES.) ¡Ah! Compar tid ahora esta novedad.
CORIFEO. Habla, mi corazón palpita de miedo.
ELECTRA. Veo sobre la tumba este bucle cortado.
CORIFEO. ¿De un hombre o de una mujer de ceñida cintura?
ELECTRA. Esto es fácil de adivinar para cualquiera.
CORIFEO. ¿Cómo, pues, a mi edad puedo aprender de la juventud?
ELECTRA. ¿No hay, fuera de mí, quien haya podido cortarse este rizo?
CORIFEO. No, porque son enemigos aquellos que debían al muerto el homenaje de sus cabellos.
ELECTRA. Pero, mirad, este rizo es muy semejante...
CORIFEO. ¿A qué cabellos? Eso deseo saber.
ELECTRA. A los míos. Mira, el parecido es perfecto.