Las Coéforas
Las Coéforas ORESTES. Así pues, ahora que me ves, eres tarda en reconocerme, y en cambio, cuando viste este mechón de pelo cortado en señal de duelo y examinaste las huellas de mis pies, volabas en alas de la esperanza y te parecía tenerme ante los ojos. Examina, aproximándolo al lugar de donde lo he cortado, este rizo de tu hermano tan semejante a tu cabellera. Mira este tejido, obra de tus manos; observa la trama de la lanzadera y la imagen de caza. (Electra se lanza gritando en los brazos de Orestes.) Domínate; que la alegría no te haga perder la razón. Pues sé que los seres queridos son nuestros enemigos.
ELECTRA. ¡Oh cuidado queridísimo para el palacio paterno, llorada esperanza de un germen salvador, confía en tu valor y reconquistarás la casa del padre! ¡Oh dulce luz de mis ojos, que compartes cuatro veces mi destino! Pues debo saludarte como un padre, hacia ti se inclina el amor debido a una madre -con toda justicia aborrecida-, y a la hermana inmolada sin piedad; y tú eres el hermano fiel que me trae el respeto. ¡Que solamente la Fuerza y la Justicia, y Zeus, el más poderoso de todos, sean mis aliados!