Las Coéforas
Las Coéforas CORIFEO. Larga pero irreprochable ha sido vuestra plegaria, honor tributado a una tumba no llorada. Y ahora, puesto que tu corazón ha resuelto actuar, deberías actuar ya probando el destino.
ORESTES. Así será; pero no es fuera de camino preguntar de dónde, por qué razón ha enviado estas libaciones, tratando de sanar demasiado tarde un mal incurable. ¡Miserable tributo para enviar a un muerto miserable! Yo no sabría calcular el valor de estas ofrendas, pero son inferiores a la culpa. Todas las libaciones podrías verte por una sola gota de sangre: sería trabajo inútil. Así se dice. Pero si lo sabes, cuéntame, te lo ruego, estas cosas.
CORIFEO. Lo sé, hijo, porque estaba presente. Sobresaltada por sueños y temores nocturnos, ha enviado estas libaciones la mujer impía.
ORESTES. ¿Y conocéis el sueño para explicarlo claramente?
CORIFEO. Creyó dar a luz una serpiente, según ella misma dice.
ORESTES. ¿Y cuál es la conclusión y el compendio de este relato?
CORIFEO. La ha envuelto en pañales, como a un niño.