Las Coéforas
Las Coéforas ELECTRA. ¡Oh Perséfone, otórganos una brillante victoria!
ORESTES. Recuerda el baño en donde fuiste arrebatado, padre.
ELECTRA. Recuerda la red que estrenaste.
ORESTES. En qué lazos innobles fuiste cazado, padre.
ELECTRA. En qué velos ignominiosamente urdidos.
ORESTES. ¿No despiertas a estos ultrajes, padre?
ELECTRA. ¿No alces tu queridísima cabeza?
ORESTES. Envía la justicia a combatir con los tuyos y déjanos usar las mismas tretas, si, vencido, quieres ser, a su vez vencedor.
ELECTRA. Y escucha, Padre, mi último clamor. Viendo tus polluelos acurrucados junto a tu tumba, compadécete de la hembra tanto como de la estirpe varonil y no dejes aniquilar esta semilla de los Pelópidas; pues incluso muerto, no estás sin vida.
ORESTES. Pues los hijos salvan el nombre del padre muerto, como los corchos que sostienen la red y salvan de la profundidad la malla de lino. Escucha, por ti son estos lamentos, tú mismo te salvas haciendo honor a mi plegaria. (Orestes y Electra descienden del túmulo.)