Las Coéforas
Las Coéforas NODRIZA. Que los huéspedes llaman a Egisto -me mandan decir cuanto antes la dueña- para que más claramente de hombre a hombre venga a informarse de la reciente noticia. Delante de la servidumbre ha mostrado una actitud sombría, pero en el fondo de los ojos ocultaba una sonrisa, porque todo ha terminado bien para ella; pero, para esta casa todo es desventura por el mensaje que los extranjeros han anunciado de una manera inequívoca. Aquél, al escuchar esta noticia, alegrará su corazón cuando la sepa. ¡Ay desgraciada de mí! Los antiguos dolores intolerables acumulados sobre esta casa de Atreo, ¡cómo han afligido mi corazón en el pecho! pero todavía no había tenido que sufrir una pena como ésta: los Otros males, pacientemente, podía soportarlos. Mas ¡mi Orestes, el desvelo de mi vida, que recibí del seno de su madre, que yo crié... ! ¡y los gritos agudos que me hacían vagar toda la noche y las penas que soporté, todo lo habré sufrido inútil- mente! Un niño que no tiene conocimiento se ha de criar como un animalito, ¿no es verdad?, según el criterio de la
NODRIZA. Una criatura todavía en pañales no habla, tenga hambre, sed o ganas de orinar: su joven vientre se basta por sí mismo. Yo bien intentaba adivinar sus necesidades, pero muchas veces, en verdad, me mentía y había de lavar los pañales; entonces hacía a la vez de lavandera y