Las Coéforas
Las Coéforas CORO. Ahora yo te conjuro, Zeus, padre de !os dioses olímpicos, concédenos ver la felicidad magníficamente establecida en la casa, concédelo a las que se esfuerzan por e! buen orden. Todo !o que proclamo está de acuerdo con la justicia. Oh Zeus, tómala bajo tu protección. ¡Ay, ay! Pon a !os que nos son enemigos en la mano de! que está en la casa, ¡oh Zeus porque si !o engrandeces de buen grado te pagará una recompensa doble y triple. Mira a! potro, huérfano de un héroe querido, uncido en su carro de penas. Regula su carrera y haz que se !e vea lanzado en la llanura manteniendo e! ritmo en sus esfuerzos para alcanzar la meta. ¡Ay, ay! Pon a !os que nos son enemigos en la mano de! que está en la casa, ¡oh Zeus! porque si !o engrandeces de buen grado te pagaré una recompensa doble y triple. Vosotros que en e! interior de! palacio administráis un es- pléndido recinto de tesoros, escuchadme, dioses benignos. Lavad la sangre de las antiguas desgracias con una pronta justicia, que e! viejo crimen no engendre ya más en la casa. Tú que habitas en la espléndida y bella morada, haz que la casa de un héroe levante la cabeza y contemple con sus leales ojos la brillante luz de la libertad después de este velo de tinieblas. Que e! hijo de Maya !e ayude justamente. Porque nadie como é! puede hacer soplar un viento propicio cuando quie- re. Muchas cosas ocultas revela en sus veredictos, pero cuando pronuncia una palabra oscura, extiende delante de !os ojos, tinieblas nocturnas que ni de día se disipan. Tú que habitas en la espléndida y magnífica morada, haz que la casa de un héroe levante la cabeza y contemple con sus leales ojos la brillante luz de la libertad después de este velo de tinieblas. Así por fin emitiremos un solemne canto por la liberación de la casa, canto mujeril, de soplo favorable, de tono penetrante, a cuyo conjuro proclamaremos: «¡Victoria! Para mí crece la ganancia cuando Ate está lejos de !os que amo.» Y tú, lleno de coraje, cuando llegue tu parte en la obra, si ella grita: «¡Hijo!», tú a tu vez grítale tu palabra: «¡Padre!», y cumple la venganza irreprochable. Llevando en tu pecho e! corazón audaz de Perseo actúa en favor de tus amigos, muertos y vivos. Estableciendo dentro de! palacio una Ate sangrienta, aniquila a! causante de! crimen. Y tú, lleno de coraje, cuando llegue tu parte en la obra, si ella grita: «¡Hijo!», tú a tu vez grítale tu palabra: «¡Padre!», y cumple la venganza irreprochable. (Llega Egisto por la derecha.)