Las Coéforas
Las Coéforas CORO. Llegó la justicia a los Priámidas, con el tiempo: un castigo abrumador. Ha llegado también al palacio de Agamenón un doble león, un doble Ares. Ha ido hasta el fin el desterrado anunciado por Pitón, estimulado por los sabios consejos de un dios. Emitid, oh, un grito de júbilo. La casa de los señores está libre de los males y de la disipación de la riqueza a manos de la pareja denigrante, hado de mortal camino. Ha venido aquel a quien, en lucha secreta, incumbe castigar el crimen por la astucia. En la batalla ha tocado el brazo de Orestes la verdadera hija de Zeus -la que los mortales, acertando el nombre, llamamos Justicia-, respirando sobre sus enemigos una funesta ira. Emitid, oh, un grito de júbilo. La casa de los señores está libre de los males y de la disipación de la riqueza a manos de la pareja denigrante, hado de mortal camino. El oráculo proclamado por Loxias desde el gran templo del Parnaso ataca con una astucia sin perfidia el crimen inveterado. La voluntad divina triunfa siempre negando socorro a los malvados. Es justo venerar el poder del cielo. La luz, ahora, puede verse: la casa se liberó del freno opresor. ¡Levántate, pues, palacio! Demasiado, demasiado tiempo estuviste siempre caído en el polvo. Pronto el tiempo que todo lo cumple atravesará el vestíbulo de este palacio cuando del hogar toda mancha habrá sido quitada por los ritos purificadores que ahuyentan la calamidad. Los extranjeros que residen en la casa caerán a su vez. La luz, ahora, puede verse: la casa se liberó del freno opresor. ¡Levántate, pues, palacio! Mucho, mucho tiempo estuviste siempre caído en el polvo. (Se abre la puerta central de palacio y se ven los dos cadáveres de Clitemnestra y EGISTO. Frente a ellos está ORESTES. Unos siervos traen el peplo en que murió AGAMENÓN. Va llegando gente de Argos.)