Las suplicantes
Las suplicantes CORIFEO. Pues sabe que eso me será un remedio.
REY. Dime cuál es la frase que meditas.
CORIFEO. Si no haces a este corro la promesa…
REY. ¿… qué vas a hacer con esos ceñidores?
CORIFEO. … con raras tablas ornaré esas tallas.
REY. Oscura es tu palabra: habla más claro.
CORIFEO. Me colgaré, al instante, de estos dioses.
REY. Lo que escucho fustiga mis entrañas.
CORIFEO. Comprendiste: tus ojos he aclarado.
REY. ¡Por doquier hallo escollos insalvables! Sobre mà avanza un rÃo de desgracias: estoy en mar profundo de infortunios difÃcil de cruzar ¡y aquà no hay puerto! Pues si esta deuda no te satisfago me amenazas con manchas imborrables; si a los hijos de Egipto, tus parientes, de pie ante la muralla yo hago frente, ¿no es trance amargo que unos hombres deban mojar de sangre el suelo por mujeres? Es fuerza, empero, respetar las iras de Zeus que vela por los suplicantes, el supremo temor entre los hombres.