Los Persas
Los Persas CORIFEO. ¡Oh demon de desdichas, con qué brío bajo tus pies hollaste al pueblo persa!
REINA. ¡Ay infeliz, perdida está la hueste! ¡Oh nocturna visión de mis ensueños! Y con qué claridad mis infortunios me habías ya anunciado; mas vosotros, con cuánta irreflexión los prejuzgabais. Pero, pues se han cumplido los presagios, quiero a los dioses invocar, primero, en loor de la tierra y de los muertos; luego regresaré a hacer mis ofrendas. Sé que será por hechos ya ocurridos, pero acaso el futuro nos reserve una suerte mejor. Mas entre tanto vosotros ofreced fieles consejos a los fieles, en torno a estos sucesos. Y si aquí llega mi hijo antes que yo consoladle y llevadle hasta el palacio. No añada a este infortunio otro infortunio.
(Sale la REINA).
CORO. Oh Rey, oh mi Señor, pues de los persas altivos e incontables has perdido la hueste, a las ciudades de Ecbatana y Susa en un oscuro luto has soterrado. Muchas mujeres con sus tiernas manos desgarran sus vestidos, y su seno con lágrimas empapan por el dolor en el que participan. En tanto, las esposas persas, con tierno llanto, lánguidamente añoran a sus esposos y al reciente yugo que los une; y diciendo adiós al blando lecho de ricas ropas, deleite de tierna juventud, su luto expresan con insaciable llanto, mientras yo exalto el hado, en verdad doloroso, de los muertos.