Los Persas

Los Persas

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MENSAJERO. Los patronos de las naves que salvarse consiguieron, siguiendo el viento, a una fuga desordenada se dieron. Pero el resto de la hueste por los campos de Beocia iba sucumbiendo; parte, muriendo de sed muy cerca de una lúcida fontana; parte, perdido el aliento, …(laguna textual)… a la Fócide pasamos, a la Dóride y al golfo de Melis, donde el Esperquio con sus aguas bienhechoras toda la llanura riega. Después los llanos aqueos y las ciudades tesalias nos acogen, cuando apenas víveres ya nos quedaban. Allí los más sucumbieron de hambre y de sed, que ambas plagas diezmaban a nuestras fuerzas. Llegamos, luego, al país de Magnesia, y a la tierra Macedonia, junto al lecho del Axio y de los pantanos llenos de cañas de Bolbe; y a las sierras del Pangeo en el territorio edónida. Esa misma noche, un dios nos anticipó el invierno y heló toda la corriente del sacro Estrimón; algunos que, hasta entonces, en los dioses no creían, con sus votos a los dioses suplicaban invocando cielo y tierra. Cuando sus invocaciones hubo ultimado la hueste, cruza la helada corriente: los que al paso se aventuran antes que del dios los rayos se esparcieran, se salvaron. Pues, quemando con sus rayos el disco ardiente del sol atraviesa la corriente templándola con su llama: los unos sobre los otros van cayendo, y es feliz el que más rápidamente exhala el soplo de vida. Aquellos que sobreviven y se salvan, tras cruzar a duras penas la Tracia, consiguen llegar, no muchos, en su huida, hasta la tierra natal. Así que la Persia puede gemir, mientras llora la amada flor de la patria. Esta es la verdad, aunque dejo de relatar muchos males que un dios ha infligido a Persia.


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