Los Persas
Los Persas ESTROFA 3.ª Monarca antiguo nuestro, monarca, oh, ven, muestra tu rostro en la parte más alta de tu tumba, hacia ella dirigiendo la amarilla sandalia de tus plantas y mostrando el botón de tu tiara. Ven, oh Darío, padre irreprochable. ¡Eh, eh!
ANTÍSTROFA 3.ª Dolores inauditos vas a escuchar, e infaustos, Señor de mi Señor, muestra tu rostro. Una niebla que viene de la Estigia sobre nosotros vuela: que nuestra juventud se ha aniquilado. Ven, oh Darío, padre irreprochable, ¡eh, eh!
EPODO. ¡Ay, ay, ay, ay! Tú, a cuya muerte innúmeros amigos, para toda esta tierra, perdidas para siempre estas galeras de tres filas de remos, naves que no lo son, ya no son naves.
SOMBRA DE DARÍO. Fieles entre los fieles, camaradas, ancianos persas, ¿qué le ocurre a Persia? Gime, se hiere el pecho, se abre el suelo. Y al ver junto a mi túmulo a mi esposa, temo, y con gusto acojo sus ofrendas. Mas vosotros, de pie, junto a mi tumba entonáis cantos lúgubres; con gritos que de la tumba llaman a los muertos, me conjuráis de un modo lastimero. Mas no es fácil salir, y, a más, los dioses, de abajo a asir están más inclinados que a soltar. Pero yo, mis privilegios he puesto en juego, y aquí estoy. ¡De prisa!, no tengan que afearme mi tardanza. ¿Qué nuevo mal gravita sobre Persia?
CORO.