Los Persas
Los Persas En cuanto a ti, amada anciana, madre de Jerjes, acude a palacio, y un vestido que sea lujoso ponte, y con él sale al encuentro de tu hijo. Por todas partes, por el dolor de sus males, sus variopintos vestidos, convertidos en jirones, penden de todo su cuerpo. Consuélale con palabras y con acento amistoso, pues yo sé que eres la única de quien sufrirá el lenguaje. En cuanto a mí, ya regreso a las tinieblas de abajo. Y de vosotros, ancianos, me despido: pese a todo, aunque llenos de desdicha, conceded a vuestro espíritu el gozo de cada día. Que a los muertos la riqueza ya para nada les sirve.
CORIFEO. Me estremezco al oír tanta desgracia, y la que en el futuro se reserva a los bárbaros.
REINA. ¡Dios, cuántos dolores penetran en mi pecho! Y, sobre todo, me desgarra el espíritu esta pena: escuchar cómo envuelve su persona mi hijo con unas prendas infamantes. A palacio voy, pues, por un vestido, e intentaré salir a recibirle; que a los míos no dejo en la desdicha.
CORO.
ESTROFA 1.ª ¡Ay, ay, dolor! ¡Qué hermosa y bien regida nuestra existencia discurría, cuando nuestro anciano monarca, poderoso, benéfico, invencible, Darío, un semidiós, aquí reinaba!