Ágilmente
Ágilmente Uno de los descubrimientos más sorprendentes de la neurociencia actual es que el aprendizaje sostenido modifica físicamente el cerebro. Las personas que comienzan a practicar nuevas formas de pensamiento o habilidades creativas desarrollan cambios visibles en escaneos cerebrales. Aprender no es solo incorporar información: es construir un cerebro diferente.
Cambiar la forma en que uno piensa es posible. Y ese cambio no es una cuestión de suerte ni de talento innato. Es una decisión consciente que se entrena, se repite y se refuerza con pequeñas acciones diarias. Un nuevo cerebro, con más herramientas, más caminos y más posibilidades, está al alcance de quien se atreva a usarlo diferente.
La creatividad no pertenece a unos pocos elegidos ni nace de una chispa mágica. Es una capacidad que todos los seres humanos poseen desde pequeños y que puede desarrollarse con práctica, como cualquier otra habilidad. Se nace con una mente naturalmente curiosa, libre, espontánea, capaz de imaginar sin límites. Los niños son expertos en inventar, mezclar ideas, crear juegos de la nada. Sin embargo, el sistema educativo y la cultura moldean el pensamiento hacia lo lógico, estructurado, predecible. Y así, lo creativo queda en segundo plano, relegado a artistas o genios.
