Ágilmente
Ágilmente Pero la ciencia demuestra que eso no es así. Se puede reaprender a ser creativo. Se puede volver a activar ese músculo que la rutina y el deber fueron apagando. Para eso, primero hay que entender cómo funciona la creatividad. No es sólo tener ideas raras o novedosas. Es conectar conceptos lejanos, romper patrones mentales, ver lo común con ojos nuevos. Es atreverse a pensar diferente, incluso si al principio resulta incómodo o ridículo.
Ser creativo implica asumir riesgos. Implica explorar lo desconocido sin garantías de éxito. Pero también implica una enorme satisfacción cuando se logra generar algo nuevo y valioso. Esa experiencia produce placer en el cerebro: la creatividad activa centros de recompensa similares a los que se activan con la comida, el sexo o la música. Pensar algo nuevo, encontrar una solución original, genera bienestar.
Aunque haya personas con mayor predisposición natural a lo creativo, lo fundamental es el entrenamiento. Las personas más creativas no lo son porque tengan un talento sobrenatural, sino porque han aprendido a pensar de forma flexible, a hacer asociaciones inusuales, a tolerar la ambigüedad y a persistir ante el fracaso. Han desarrollado hábitos mentales que las mantienen en un estado constante de exploración.
