Las Troyanas
Las Troyanas ANDRÓMACA: Llévanme mis señores los aqueos.
HÉCUBA: ¡Ay de mÃ!
ANDRÓMACA: ¿A qué gimes, cuando yo debo entonar fúnebre canto, por estos dolores y esta calamidad?
HÉCUBA: ¡Hijos mÃos!
ANDRÓMACA: En otro tiempo lo fuimos.
HÉCUBA: Adiós dicha, adiós Troya. Adiós, nobles hijos. ¡Ay también de mÃ! ¡Cuán deplorables son también mis…!
ANDRÓMACA: Males.
HÉCUBA: Calamidad funesta.
ANDRÓMACA: De la ciudad…
HÉCUBA: Que humea.
ANDRÓMACA: ¡Vuelve a mis brazos, oh esposo!
HÉCUBA: ¿Llamas a mi hijo que está debajo de la tierra?
ANDRÓMACA: ¡Escudo de tu esposa!
HÉCUBA: Mas tú, azote de los griegos en otros tiempos, tú, que eras mi primogénito, llévame a los infiernos para descansar al lado de tu padre.
ANDRÓMACA: ¡Tal es nuestro anhelo! Tantos los dolores que sufrimos, asolada nuestra patria, desde que los dioses nos fueron adversos. Cadáveres ensangrentados yacen en los templos para servir de pasto a los buitres, y Troya sufre el yugo de la esclavitud.