Las Troyanas
Las Troyanas HÉCUBA: ¡Oh patria! ¡Oh prendas amadas!, vuestra madre, sin hogar, se separa de vosotros. ¡Cómo los lamentos, cómo las lágrimas suceden a las lágrimas en nuestra familia! Pero el que muere, ni llora ni siente dolores.
ANDRÓMACA: Me llevan con mi hijo como parte del botÃn, y mi libertad se trueca en servidumbre, vÃctima de horribles mudanzas.
HÉCUBA: Inevitable es la necesidad; ahora poco me arrebataron por fuerza a Casandra.
ANDRÓMACA: Varios son los males que te afligen.
HÉCUBA: Para mà todo esto no tiene término ni medida; espantosa es mi lucha.
ANDRÓMACA: Pereció tu hija Polixena, sacrificada en el sepulcro de Aquiles, ofrenda hecha a su cadáver.
HÉCUBA: ¡Ay de mÃ, desventurada! Éste es el enigma al que aludió hace poco Taltibio, oscuro entonces y ahora claro.
ANDRÓMACA: Yo misma la vi, la cubrà y lloré sobre su cadáver.
HÉCUBA: ¡Ay, hija mÃa, impÃo sacrificio! No es lo mismo ¡oh, hija!, vivir que morir; la muerte es la nada, y a la vida queda la esperanza de morir.