Las Troyanas
Las Troyanas CORO: Tu calamidad es igual a la mÃa; al llorar tu suerte recuerdas mis penas.
HÉCUBA: No te cuides, ¡oh, hija!, de la muerte de Héctor, que no le devolverán la vida tus lágrimas; respeta ahora a tu señor, y sedúcelo con los dulces atractivos de tu cariñoso trato. Y si lo hicieres, llenarás de alegrÃas a tus amigos, y podrás educar a tu hijo que fue del mÃo, última esperanza de Troya, para que tus descendientes reedifiquen Ilión y vuelva a existir nuestra ciudad.
(Entra Taltibio)
TALTIBIO: Tú que fuiste en otro tiempo esposa de Héctor, el más esforzado de los frigios, no me aborrezcas, que contra mi voluntad vengo a anunciarte los públicos decretos.
ANDRÓMACA: ¿Qué sucede? Tus palabras me anuncian nuevos males.
HÉCUBA: Han decretado que al niño… tu hijo… ¿cómo decirlo?
ANDRÓMACA: ¿Que no sea el mismo su dueño y el mÃo?
TALTIBIO: No será esclavo de ningún griego.
ANDRÓMACA: ¿Dejan aquà al único frigio que sobrevive?
TALTIBIO: No sé como dulcificar la pena que voy a causarte.