Las Troyanas
Las Troyanas CORO: Las riberas del mar resuenan, y como el ave que reclama por sus hijuelos, así lloran unas a sus esposos, otras a sus hijos, otras a sus madres ancianas. Ya no existe nada. La lanza griega ha devastado nuestra tierra. Eros, Eros que viniste en otro tiempo al palacio por orden de los dioses. ¡Cuán soberbiamente ensalzaste entonces a Troya! ¡Qué estrechos lazos contrajo con los dioses!, pero la luz de Eos alumbra a esta región y contempla impasible la ruina. Los amores de los dioses de nada han servido a Troya.
(Entra Menelao)
MENELAO: Sol, que difundes la hermosa luz en este día en que recuperaré a mi esposa Helena; yo soy ese Menéalo que sufrió infinitos males. Vine a Troya, no tanto, según piensan, por mi esposa, cuanto por vengarme del hombre que, engañando a los que le daban hospitalidad, robó a Helena de mi palacio. Pero con el favor de los dioses pagó su delito, y él y su patria cayeron al empuje de las armas griegas. Yo he resuelto no sacrificar a Helena en Troya, sino conducirla a la Hélade en mi nave para darle allí muerte y vengar a los amigos que han perecido en esta guerra.