Las Troyanas
Las Troyanas CORO: ¡Oh, Menelao! Acuérdate de tus nobles abuelos y de tu linaje. ¡Castiga a Helena!
MENELAO: Creo, como tú, que ésta huyó voluntariamente de mi palacio y que sólo invoca a Afrodita para cohonestar su delito. Anda, ve a buscar a los que han de apedrearte, y que tu pronta muerte expÃe los prolongados padecimientos de los griegos, para que aprendas a no deshonrarme.
HELENA: ¡Oh, no; de rodillas te ruego que no me mates, imputándome un crimen, obra de los dioses! ¡Perdóname!
HÉCUBA: No te olvides de los aliados, que por Helena murieron: por ellos y por mis hijos te lo pido.
MENELAO: Déjame, anciana; Helena sólo merece mi desprecio. Que mis servidores la arrastren a las naves para ser llevada a Grecia.
HÉCUBA: Que no vaya en la tuya.
MENELAO: ¿Por que, pues? ¿Pesa ahora más que antes?
HÉCUBA: No hay enamorado que no ame siempre, piense como quiera la mujer amada.
MENELAO: Se hará lo que deseas: no entrará en la nave que yo vaya, que no es despreciable tu consejo. Cuando llegue a Argos morirá indignamente como merece.
(Salen Helena y Menelao)