Las Troyanas
Las Troyanas CORO: ¡Asà nos abandonas, oh Zeus, dejando a los griegos tu templo edificado en Troya! ¡Oh, rey!, que abundas en el éter y en el palacio celestial, penosa incertidumbre si atiendes o no a mi ciudad arrasada, que devoró el furor impetuoso del fuego. ¡Oh, esposo querido!, vagas muerto, insepulto, no lavado por mis manos. Muchedumbres de hijos lloran a las puertas, agarrándose a nuestros vestidos. Ojalá que en la nave de Menelao, cuando hienda el mar profundo, caiga en el Egeo el fuego sagrado que vibra en tus dos manos y la reduzcan a cenizas. Que Menelao no recobre a Helena, cuyo maldado matrimonio sólo ha servido de oprobio a Grecia. ¡Oh dolor! ¡Nuevas desdichas agobian a mi patria! El hijo de Andrómaca ya ha sido sacrificado por orden de los griegos.
(Entra Taltibio)
TALTIBIO: Andrómaca derramaba muchas lágrimas al separarse de esta tierra, lamentándose de los infortunios de su patria. Y pidió permiso para sepultar a su hijo aquÃ, y no donde su nuevo esposo, para no tener siempre a la vista tan tristes recuerdos. También dispuso que tú, Hécuba, lo adornes, ya que ella se ausenta. Sin embargo, al pasar por el rÃo, yo lavé y limpié las heridas del niño.