Las Troyanas
Las Troyanas CORO: ¡MÃsera madre que, al perderte, perdió contigo su más consoladora esperanza! Cuando se reputaba muy feliz, porque eran nobles tus padres, pereciste de muerte cruel.
TALTIBIO: Sepan que el general ha ordenado incendiar la ciudad de PrÃamo, que en las manos de los soldados no ha de estar ocioso el fuego. Y ustedes, hijas de los troyanos, para cumplir a un tiempo ambos mensajes, cuando suenen las trompetas, encamÃnense a las naves de los griegos para alejarlas de aquÃ.
HÉCUBA: ¡Ay, desventurada de mÃ! Dejo mi paÃs natal y a mi ciudad entregada a las llamas. AsÃ, pies cansados por la vejez, dense prisa a saludarla por última vez, aunque les cueste trabajo. ¡Oh dioses!… Pero ¿qué dioses invoco? Antes, cuando los llamé, no me oyeron. Precipitémonos, pues, en el fuego, pues será para mà lo más honroso perecer en él.
CORO: Tus males te hacen delirar. La gran ciudad, que ya no lo es, ha perecido; ya no existe Troya.
HÉCUBA: Troya resplandece, el fuego lo devora todo, la ciudad entera, las más altas murallas…
CORO: Y como el viento se lleva al humo, asà pereció mi patria.
HÉCUBA: ¡Oh, patria, madre de mis hijos!
CORO: ¡Ay de mÃ!
HÉCUBA: ¡Oigan, hijos, reconozcan la voz de vuestra madre!