Tragedias griegas
Tragedias griegas ADMETO.— ¡Asà será, asà será! no temas. Ya que te poseà viva, muerta serás mi única mujer; [330] y jamás me llamará marido suyo ninguna otra esposa tesaliana en tu lugar; ninguna, ni aun nacida de padre noble, ¡y aunque sea la más hermosa de las mujeres! A los Dioses ruego que me baste con guardar a mis hijos, ya que no pude conservarte a ti. Y te llevaré luto, no un año, sino mientras dure mi vida, ¡oh mujer! Y tomaré odio a mi madre y a mi padre, porque eran mis amigos de nombre, pero no de hecho. [340] Me has salvado, dando cuanto de más caro hay por conservarme la vida. ¿No tengo, pues, motivo para gemir por haber perdido una mujer como tú? Concluiré con las comidas, las asambleas de convidados, las coronas y los cánticos que llenaban mi morada. Nunca más, en efecto, tocaré el barbitos, ni excitaré a mi alma a cantar con la flauta lÃbica[23], porque me has arrebatado el encanto de la vida. [350] Pero tu cuerpo, modelado por la mano hábil de los artistas, será colocado en el lecho nupcial[24]; y me prosternaré ante él, le rodearé con mis manos, gritando tu nombre, ¡y creeré que estrecho en mis brazos a mi cara mujer, aunque no la tenga allÃ! FrÃo consuelo me parece; pero asà aliviaré el peso de mi alma, ¡y me deleitarás apareciéndoteme en sueños! Porque es dulce volver a ver durante la noche o en cualquier otro momento a aquellos a quienes se ama. ¡Si poseyera yo la voz y el canto de Orfeo[25], a fin de aplacar a la hija de Demeter o a su marido, y de sacarte del Hades, allá descenderÃa, [360] y no me detendrÃan ni el perro de Plutón, ni Carón, el conductor de almas, con su remo, sin que hubiese yo devuelto tu vida a la luz! Ahora, al menos, espera allà a que muera, y prepara mi morada, con objeto de habitar allá conmigo. Porque ordenaré que me depositen en el cofre de cedro contigo, y que me tiendan a tu lado; ¡y ni muerto me separaré de ti, única que me fuiste fiel!