Tragedias griegas
Tragedias griegas EL CORO.— Y yo, como un amigo por otro amigo, llevaré contigo triste luto por ésta, [370] porque es digna de ello.
ALCESTÍS.— ¡Oh hijos! ya habéis oído las palabras de vuestro padre diciendo que jamás se casará con otra mujer y que no me olvidará.
ADMETO.— Y lo afirmo una vez más, y lo haré.
ALCESTÍS.— Con esta condición, recibe de mi mano a nuestros hijos.
ADMETO.— Recibo este querido don de una mano querida.
ALCESTÍS.— Ahora, sé, en mi lugar, una madre para estos hijos.
ADMETO.— De absoluta necesidad es, ya que se hallan privados de ti.
ALCESTÍS.— ¡Oh hijos! ¡cuando convenía que yo viviera, me voy bajo la tierra!
ADMETO.— [380] ¡Ay de mí! ¿Qué haré sin ti?
ALCESTÍS.— El tiempo te consolará; un muerto no es nada.
ADMETO.— Llévame contigo, ¡por los Dioses! Llévame debajo de la tierra[26].
ALCESTÍS.— ¡Basta conmigo, que por ti lo hago!
ADMETO.— ¡Oh Demonio, de qué mujer me privas!