Tragedias griegas
Tragedias griegas EL SERVIDOR.— Por el camino que lleva derecho a Larisa. Fuera de la población, verás una tumba de mármol pulido.
HERACLES.— ¡Oh corazón mÃo, que a tanto te atreviste! ¡oh alma mÃa, muestra hoy qué hijo concibió de Zeus la tirintia Alcmena, hija de Electrión! [840] Tengo que salvar a esta mujer que acaba de morir, y restablecer a Alcestis en esta morada, demostrando asà mi agradecimiento a Admeto. ¡Iré a ver a Tanatos, la reina de los muertos, cubierta de negros peplos[46]! La espiaré, y espero encontrarla bebiendo junto a la tumba sangre de las vÃctimas[47]. Y si puedo cogerla tras de tenderle una celada y salir de mi escondite, la rodearé con mis brazos, ¡y nadie podrá arrebatarme sus costados doloridos[48] mientras no me haya devuelto a esa mujer! [850] ¡Pero si me arrebatan esa presa, si no va ella a buscar la sangrienta torta, descenderé bajo tierra a la obscura morada de Core y del rey Edes[49], y les pediré a Alcestis, y tengo confianza en traérmela a la tierra y en dejarla en manos del huésped que me ha recibido en sus moradas, que no me ha echado, aunque está herido por cruel desgracia, y que me lo ha ocultado, generoso, por respeto a mÃ! ¿Habrá hombre más hospitalario entre los tesalianos y los habitantes de la Hélade? Pero no dirá que fue benévolo para un ingrato [860] con quien se mostró tan generoso.