Tragedias griegas
Tragedias griegas HERACLES.— Otra mujer y el deseo de nuevas nupcias te consolarán.
ADMETO.— ¡Cállate! ¿Qué has dicho? No esperaba eso de ti.
HERACLES.— ¿Y por qué? ¿No te casarás con otra mujer? ¿Seguirá vacÃo tu lecho?
ADMETO.— [1090] Ya no se acostará ninguna mujer conmigo.
HERACLES.— ¿Esperas servir asà a esta muerta?
ADMETO.— Esté donde esté, conviene que se la honre.
HERACLES.— Alabo eso, lo alabo; sin embargo, se te motejará de demencia.
ADMETO.— Jamás me darás el nombre de esposo.
HERACLES.— Te alabo, por ser amigo fiel de tu mujer.
ADMETO.— ¡Muera yo si la traiciono, aunque no exista ella!
HERACLES.— Recibe ahora a ésta en tu noble morada.
ADMETO.— ¡No! ¡Te lo suplico por Zeus, que te ha engendrado!
HERACLES.— ¡Caerás en falta si no lo haces!
ADMETO.— [1100]. Y si lo hago, me morderá el dolor en el corazón.