Tragedias griegas

Tragedias griegas

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HERACLES.— No te es lícito oírla hablar mientras no esté purificada de los Dioses subterráneos, ni antes de tres días. Pero éntrala en la morada, y continúa siendo justo[59], Admeto, y respetando piadosamente a tus huéspedes. ¡Salve! Parto y [1150] voy a emprender el trabajo que me ha impuesto el hijo de Stenelo[60].

ADMETO.— Quédate con nosotros y sé mi huésped.

HERACLES.— Otra vez será; pero hoy tengo que darme prisa.

ADMETO.— ¡Sé dichoso, pues, y vuelve! (Volviéndose hacia el Coro, mientras Heracles inicia la marcha). ¡Que los ciudadanos y toda la Tetrarquía[61] celebren con cánticos este acontecimiento, y humeen los altares en medio de sacrificios y plegarias! Porque ahora llevaremos una vida mejor que la que hemos vivido. ¡Yo atestiguo, en efecto, que soy dichoso!

(Entra en palacio).

ÉXODO (1159-1162): Versos sentenciosos del Coro.

EL CORO.— Numerosas y diversas son las formas de los acontecimientos suscitados por los Demonios; [1160] y los Dioses los realizan contra nuestra esperanza. Lo que parece que ha de suceder no sucede, y un Dios trae cosas inesperadas. Lo acaecido ahora lo demuestra.


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