Tragedias griegas
Tragedias griegas LA NODRIZA.— La casa ya no existe [140]. Ha desaparecido ya por completo, pues a él lo posee un lecho real[69] y ella, mi señora, consume su vida en su habitación nupcial, sin que las palabras de ningún ser querido lleven alivio a su espÃritu.
MEDEA.— (Desde dentro). ¡Ay, ay! ¡Pluguiera a los Dioses que la llama uránica se abatiese sobre mi cabeza! ¿Qué interés tengo en vivir más tiempo ya, en efecto? ¡Ay, ay! ¡Ojalá, redimida por la muerte, abandone la vida!
EL CORO.— Estrofa: ¿Habéis oÃdo ¡oh Zeus, oh tierra, oh luz! el clamor que lanza [150] esta esposa desgraciada? ¿Qué deseo del terrible lecho[70] te tiene cogida, oh insensata? El fin de la muerte vendrá pronto. No anheles eso, y si tu marido desea un nuevo lecho, no te irrites. Zeus se vengará por ti. No te consumas llorando más de lo debido a tu compañero de lecho.
MEDEA.— [160]. (Desde dentro). ¡Oh gran Temis[71] y venerable Artemisa, mirad lo que sufro después de haber ligado a mi execrable marido con un juramento solemne! ¡Pluguiera a los Dioses que un dÃa pudiese yo verlos a él y a su esposa aplastados en estas mismas moradas, ya que se atrevieron a ultrajarme! ¡Oh padre, oh ciudad que abandoné vergonzosamente tras de matar a mi hermano!